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Alfredo Zitarrosa

-¿ Qué puedo decir de mis hermanos? Los conocí en Chile -Junio del 73 -; son argentinos: yo soy oriental. Pertenecemos, por lo tanto a la "gran Patria frustrada de O'Higgins, San Martín y Artigas, a la "isla continental", cuyo gran pueblo hoy se levanta. ¡Que sus voces celebren y empujen ese alzamiento victorioso, porque lo será, obligatoriamente victorioso, mañana mismo!
Con afecto, a todos ellos.

Con esta dedicatoria escrita, Alfredo Zitarrosa saludó la aparición de nuestro primer disco larga duración, en el segundo semestre del 73.

Tuvimos oportunidad de viajar con el a Chile, invitados al 1er Festival Internacional de la canción popular que se realizó entre el 27 y el 30 de junio en el Fortín Prat de Valparaíso y el Estadio Chile de Santiago.
Jamás olvidaremos lo que vivimos con este músico uruguayo en tierras trasandinas; trágicos momentos de la historia política de este continente que marcaron profundamente a la región y nuestra vida artística posterior.
A la media mañana del 26 de junio, todos los artistas, chilenos y extranjeros, que participaban de aquel festival estuvimos en el salón principal de la Casa de La Moneda. Era el cumpleaños del presidente Salvador Allende. Nos regaló palabras sabias sobre la cultura popular y su preocupación por el futuro del pueblo Chileno. Al finalizar, en nombre de todos los artistas presentes le dedicamos la canción Fiesta de guardar de César Perdiguero y el Cuchi Leguizamón; a continuación, Zitarrosa cantó Doña Soledad. Ambos fuímos invitados esa noche a la residencia presidencial de Tomás Moro, en Cañaveral, en las afueras de Santiago donde compartimos la cena y una guitarreada que se extendió hasta la madrugada con el Presidente , su gabinete y los artistas chilenos Tito Fernandez "El Temucano" y algunos de los integrantes de Quilapayún.

Al otro día, antes de la actuación en Valparaíso, Alfredo Zitarrosa se entera que el presidente de su país, Juan María Bordaberry, apoyado en las FF.AA, había dado esa mañana un golpe de Estado que disolvía por decreto las cámaras legislativas.

El 29 de Junio ocurrió "el Tacnazo". Nos despertó el ruido de las bombas y metrallas. Un alzamiento militar del Batallón Tacna había rodeado el Palacio de La Moneda desde las primeras horas de la mañana. Nuestro hotel estaba a una cuadra de allí, como había francotiradores en los techos, todos los artistas extranjeros nos concentramos en la confitería del último piso que era el sitio más seguro. Durante esa angustiosa espera, le cantamos el arreglo a capella de su polca No se puede; Alfredo nos contó que estaba terminando una canción que llevaría por título Adagio en mi país.
A las 14, bajamos a la calle y nos confundimos con un mar de gente que marchaba a la plaza de La Constitución a condenar el intento de golpe y pedir el Estado de sitio.

El 30 cantamos en el Estadio Chile. Tres meses más tarde, ese lugar se convertiría en un horrible campo de concentración.

En Octubre viajamos a Uruguay con el poeta Armando Tejada Gómez, invitados a participar en el Estadio Peñarol, lugar elegido para que dirigentes y artistas, enrolados en el Frente Amplio se despedían de su pueblo, ya prohibidos y perseguidos por la dictadura Oriental.
Esa misma noche, en un boliche cercano, Alfredo nos canta , ya terminado, Adagio en mi país . Nos vemos en Buenos Aires varias veces más hasta que parte hacia su exilio a España.
En el 74, grabamos los coros de esta canción, mientras un integrante del quinteto, Rodolfo Larumbe, fuera encarcelado, torturado y desaparecido durante 17 días por las bandas de la Triple A, hasta que dimos con su paradero en una Comisaria de Quilmes. Días después de liberado grabó su voz. Era el solista en Adagio.
En los años siguientes, nos encontramos con Alfredo en México, Venezuela y a su regreso a Buenos Aires. En Salta, participando ambos del Festival Latinoamericano de la Canción, nos contaba - mostrando su hombro amoratado - el gran cariño con que lo había recibido su pueblo a su regreso del exilio.
Alfredo Zitarrosa nació el 10 de Marzo de 1936, hijo natural de Doña Jesusa Blanca Nieve Iribarne. El pequeño fue anotado con ese apellido; la crianza de Alfredo fue entregada al matrimonio de Carlos Durán y Doraisella Carabajal a quienes llamaba Papá Carlos y Mamá Sella.
Pero Alfredo creció y seguirá creciendo en el amor recíproco que tiene con su pueblo uruguayo y latinoamericano.

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